Desarrollamos este proyecto respaldados por un profesional veterinario a fin de que la información aquí contenida esté fundamentada y actualizada. Todos los textos son autoría de Rebeca Kobel; noticias, fotografías, chistes y cartones de diferentes stocks. Contacto veterinario:
1ra semana
Hoy cumplí una semana de nacido, ¡Qué alegría haber llegado a este mundo!
1er mes
Mi mamá me cuida muy bien. Es una mamá ejemplar.
2do mes
Hoy me separaron de mi mamá. Ella estaba muy inquieta, y con sus ojos me dijo adiós. Esperando que mi nueva "familia humana" me cuidara tan bien como ella lo había hecho.
3er mes
He crecido rápido; todo me llama la atención. Hay varios niños en la casa que para mí son como "hermanitos". Somos muy inquietos, ellos me jalan la cola y yo les muerdo jugando.
5to mes
Hoy me regañaron. Mi ama se molestó porque me hice "pipí" adentro de la casa; pero nunca me habían dicho dónde debo hacerlo. Además duermo en la recámara... ¡y ya no me aguantaba!
6to mes
Soy un perro feliz. Tengo el calor de un hogar; me siento tan seguro, tan protegido. Creo que mi familia humana me quiere y me consiente mucho.
Cuando están comiendo me convidan. El patio es para mi solito y me doy vuelo escarbando como mis antepasados los lobos, cuando esconden la comida.
12vo mes
Hoy cumplí un año. Soy un perro adulto. Mis amos dicen que crecí más de lo que ellos pensaban. Que orgullosos se deben de sentir de mí.
13vo es
Qué mal me sentí hoy. "Mi hermanito" me quitó la pelota. Yo nunca agarro sus juguetes. Así que se la quité. Pero mis mandíbulas se han hecho muy fuertes, así que lo lastimé sin querer. Después del susto, me encadenaron casi sin poderme mover. Dicen que van a tenerme en observación y que soy ingrato. No entiendo nada de lo que pasa.
15vo mes
Ya nada es igual... vivo en la azotea. Me siento muy solo, mi familia ya no me quiere. A veces se les olvida que tengo hambre y sed. Cuando llueve no tengo techo que me cobije.
16vo mes
Hoy me bajaron de la azotea. De seguro mi familia me perdonó y me puse tan contento que daba saltos de gusto. Mi rabo parecía reguilete. Encima de eso, me van a llevar con ellos de paseo. Nos enfilamos hacia la carretera y de repente se pararon. Abrieron la puerta y yo me bajé feliz creyendo que haríamos nuestro "día de campo". No comprendo por qué cerraron la puerta y se fueron. ¡Oigan, esperen! Se... se olvidan de mí. Corrí detrás del coche con todas mis fuerzas.
Mi angustia crecía al darme cuenta, que casi me desvanecía y ellos no se detenían: me habían olvidado.
17vo mes
He tratado en vano de buscar el camino de regreso a casa. Me siento y estoy perdido. En mi sendero hay gente de buen corazón que me ve con tristeza y me da algo de comer. Yo les agradezco con mi mirada y desde el fondo con mi alma. Yo quisiera que me adoptaran y seria leal como ninguno. Pero solo dicen "pobre perrito", se ha de haber perdido.
18vo mes
El otro día pasé por una escuela y vi a muchos niños y jóvenes como mis "hermanitos". Me acerqué, y un grupo de ellos, riéndose, me lanzó una lluvia de piedras "a ver quien tenia mejor puntería". Una de esas piedras me lastimó el ojo y desde entonces ya no veo con él.
19vo mes
Parece mentira, cuando estaba más bonito se compadecían más de mí. Ya estoy muy flaco; mi aspecto ha cambiado. Perdí mi ojo y la gente más bien me saca a escobazos cuando pretendo echarme en una pequeña sombra.
20vo mes
Casi no puedo moverme. Hoy al tratar de cruzar la calle por donde pasan los coches, uno me arrolló. Según yo estaba en un lugar seguro llamado "cuneta", pero nunca olvidaré la mirada de satisfacción del conductor, que hasta se ladeó con tal de centrarme. Ojalá me hubiera matado, pero solo me dislocó la cadera. El dolor es terrible, mis patas traseras no me responden y con dificultades me arrastré hacia un poco de hierba a ladera del camino.
21vo mes
Tengo 10 días bajo el sol, la lluvia, el frío, sin comer. Ya no me puedo mover. El dolor es insoportable. Me siento muy mal; quedé en un lugar húmedo y parece que hasta mi pelo se está cayendo. Alguna gente pasa y ni me ve; otras dicen: "No te acerques" Ya casi estoy inconsciente; pero alguna fuerza extraña me hizo abrir los ojos. La dulzura de su voz me hizo reaccionar. "Pobre perrito, mira como te han dejado", decía... junto a ella venía un señor de bata blanca, empezó a tocarme y dijo: "Lo siento señora, pero este perro ya no tiene remedio, es mejor que deje de sufrir". A la gentil dama se le salieron las lágrimas y asintió. Como pude, moví el rabo y la miré agradeciéndole me ayudara a descansar. Solo sentí el piquete de la inyección y me dormí para siempre pensando en por qué tuve que nacer si nadie me quería.
La solución no es echar un perro a la calle, sino educarlo. No convierta en problema una grata compañía. Ayuda a abrir conciencia y así poder acabar con el problema de los perros callejeros.
Ser Veterinario
Es acreditar la inmortalidad de la naturaleza y querer preservarla siempre más bella.
Ser Veterinario es oír los maullidos, mugidos, balidos, relinchos, cacareos, y ladridos, y principalmente, interpretarlos y entenderlos.
Es gustar de la tierra mojada, del campo, del monte, de los espacios abiertos, de lunas y lluvias.
Ser Veterinario es no importar si los animales piensan, pero sí, si sufren.
Es ganar amigos de pelos y plumas, que jamás te van a decepcionar.
Es descubrirse permanentemente, a sí mismo, a través de los animales.
Es ser capaz de entender meneos de colas, arañazos cariñosos y mordiscos de afecto.
Ser Veterinario es ser capaz de entender ojos tristes, orejas caídas, narices calientes, inquietudes o reposos anormales.
Es tener capacidad de comprender gratitudes mudas, más sin duda alguna, las únicas verdaderas.
Ser Veterinario es convivir lado a lado con enseñanzas profundas sobre amor y vida.
Ser Veterinario es participar diariamente del milagro de la vida.
Todos nosotros podemos estudiar Veterinaria,… pero no todos seremos Veterinarios.
Traducido y adaptado de una publicación del Colegio Federal de Veterinarios de Brasil 1996, por Manuel Godoy.
¿Te has preguntado por qué los perros viven menos que las personas?
Aquí la respuesta (por un niño de 6 años).
Siendo un Veterinario, fui llamado para examinar a un Sabueso Irlandés de 10 años de edad llamado Belker. Los dueños del perro, Ron, su esposa Lisa y su pequeño Shane, estaban muy apegados a Belker, y estaban esperando un milagro.
Examine a Belker y descubrí que estaba muriendo de Cáncer. Le dije a su familia que no podíamos hacer ya nada por Belker, y me ofrecí para llevar cabo el procedimiento de eutanasia en su casa.
Hicimos los arreglos necesarios, Ron y Lisa dijeron que sería buena idea que el niño de 6 años, Shane observara el suceso. Ellos sintieron que Shane podría aprender algo de la experiencia.
Al día siguiente, sentí la familiar sensación en mi garganta cuando Belker fue rodeado por la familia. Shane se veía tranquilo, acariciaba al perro por última vez, y yo me preguntaba si él comprendía lo que estaba pasando. En unos cuantos minutos Belker se quedó dormido pacíficamente para ya no despertar.
El pequeño niño pareció aceptar la transición de Belker sin ninguna dificultad o confusión. Nos sentamos todos por un momento preguntándonos el porqué del lamentable hecho de que la vida de las mascotas sea más corta que la de los humanos.
Shane, que había estado escuchando atentamente, dijo: ''yo sé porqué.''
Sorprendidos, todos volteamos a mirarlo. Lo que dijo a continuación me maravilló, nunca he escuchado una explicación más reconfortante que ésta. Este momento cambio mi forma de ver la vida.
El dijo,''la gente viene al mundo para poder aprender cómo vivir una buena vida, como amar a los demás todo el tiempo y ser buenas personas, verdad?''
''Bueno, como los perros ya saben cómo hacer todo eso, pues no tienen que quedarse por tanto tiempo como nosotros.''
La moraleja es: Si un perro fuera tu maestro, aprenderías cosas como:
Cuando tus seres queridos llegan a casa, siempre corre a saludarlos.
Nunca dejes pasar una oportunidad para ir a pasear.
Deja que la experiencia del aire fresco y del viento en tu cara sea de puro Éxtasis.
Toma siestas.
Estírate antes de levantarte.
Corre, brinca y juega a diario.
Mejora tu atención y deja que la gente te toque.
Evita morder cuando un simple gruñido sería suficiente.
En días cálidos, recuéstate sobre tu espalda en el pasto.
Cuando haga mucho calor, toma mucha agua y recuéstate bajo la sombra de un árbol.
Cuando estés feliz, baila alrededor, y mueve todo tu cuerpo.
Deléitate en la alegría simple de una larga caminata.
Sé leal.
Nunca pretendas ser algo que no eres.
Si lo que quieres está enterrado, escarba hasta que lo encuentres.
Cuando alguien tenga un mal día, quédate en silencio, siéntate cerca y suavemente hazles sentir que estás ahí.
A mi perro con amor
El perro cojo Manuel Benítez Carrasco
Pasó el perro a mi lado. Un perro de pobre casta,
uno de esos callejeros pobre de sangre y de estampa.
Nacen en cualquier rincón de perras tristes y flacas,
destinados a comer basura de plaza en plaza.
De pequeños, por lo fino y lo ágil de la infancia,
baloncitos de peluche, tibios borrones de ala,
los sacan al sol, les cantan.
De mayores, como ya se les fue la gracia,
los dejan a su ventura, mendigos de casa en casa,
sus hambres por los rincones y su sed sobre las charcas.
Y que tristes ojos tienen, que recóndita mirada,
como si en ella pusieran su dolor a media asta,
y se mueren de tristeza a la sombra de una tapia
si es que un lazo no les da una muerte anticipada.
Yo lo llamo…todo orejas asustadas, todo hociquito curioso, todo sed, hambre y nostalgia.
El perro escucha mi voz, olfatea mis palabras
como esperando o temiendo pan, cariños o pedradas.
No en vano lleva marcado un mal recuerdo en su pata.
Lo vuelvo a llamar…dócil, a medias avanza,
moviendo el rabo con miedo y las orejitas gachas.
Le digo: ven aquí, no te hago nada, vamos ven,
y adiós a la desconfianza, y se tiende a mis pies,
con tiernos aullidos habla, ladra para hablar más fuerte,
salta, gira, gira, salta, lloran y ríen, ríen y lloran
lengua, orejas, ojos, patas y el rabo es un incansable
abanico de palabras.
Es una alegría tan grande que más que hablarme me canta. ¿Qué piedra te dejó herido? Sabe que maldigo las piedras, aquella pedrada dura que le destrozó la pata,
y él con el rabo me está agradeciendo la lástima.
Pero no te preocupes, ya no ha de faltarte nada,
yo también soy callejero, aunque de distintas plazas,
y con mi patita renga y triste voy de jornada en jornada,
las piedras que me tiraron me dejaron herida el alma.
Entre basuras de tierra tengo mi pan y mi almohada,
¡vamos pues, vamos perrito mío! vamos anda que te anda, con nuestra renguera a cuestas y nuestra tristeza en andas, yo por mis calles oscuras, tú por tu calles calladas, tú la pedrada en el cuerpo, yo la pedrada en el alma.
Y cuando mueras amigo, yo te enterraré en mi casa,
bajo un letrero que diga: aquí yace un amigo de mi infancia,y en el Cielo de los perros, tan puro, tan tierno,
te regalará San Roque una muleta de plata.
Era joven y era viejo por más que yo lo cuidara,
el tiempo malo pasado lo dejó medio sin alma;
fueron muchas hambres, mucho peso para sus tres patas.
Y una mañana en el huerto debajo de mi ventana,
lo encontré tendido, frío, como una piedra mojada;
ya estaba mi pobre perro muerto de las cuatro patas.
Hacia el Cielo de los perros se fue anda que te anda,
las orejas de peluche y el hociquito de escarcha.
Portero y dueño del Cielo, San Roque en la puerta estaba, ortopédico de mimos, cirujano de palabras,
con buen surtido de recambios con que curar viejas talas.
Para ti un rabo de oro, para ti un ojo de ámbar,
tú, tus orejas de nieve, tú, tus colmillos de escarcha;
tú -y mi perro le reía- tú, tu muleta de plata.
Ahora ya sé porque está la noche agujereada.
¿Estrellas? ¿Luceros? No, es mi perro que cuando anda
con la muleta va haciendo agujeritos de plata.
En memoria de mi perro Luis Gonzaga Urbina
Del raído jergón en que yacía
mi perro moribundo, alzó la testa,
la gran testa escultórica, orgulloso
y altivo, como un dios agonizante.
En sus ojos, profundos y febriles,
súbitamente se encendió un relámpago
de amor inmenso. Mi tristeza entonces
quiso asomarse a mis pupilas para
dar un adiós a aquel amor sublime.
La bestia, estremecida con temblores
de ternura, miró caer mi llanto,
y con un rudo y soberano gesto
de angustia y de dolor -¡Gracias!- me dijo.
Después, con lentitud doliente y grave,
tras la fatiga del supremo empuje,
como en un cabezal, reclinó el perro
la gran testa escultórica en el muro.
Pero sus ojos tristes, triste, tristes,
me siguieron hablando:
Es la primera vez que no te obedezco,no me llames, ya te voy a dejar, amado mío.
«Viví por ti, por ti, para atraerme
todas las emociones de tu alma,
tus goces, tus pesares y tus sueños;
para buscarte en todo, porque eras
mi única aspiración. A una caricia
de tu mano, a un acento, a una apacible
mirada, se dormían mis instintos,
y un ser inteligente, amable, dócil,
generoso, leal, siempre dispuesto
al sacrificio, fui, bajo el encanto
de tu voz, tu caricia o tu mirada.
¿Quién te amó más que yo, sin un instante
de duda, de desdén o de abandono;
sin una gratitud, sin un olvido,
sin dejar de ser tuyo, siempre tuyo?
Fui el compañero insomne de tus penas,
un guardia en el peligro. Fui tu siervo
en el placer, tu amigo en el quebranto,
tu jovial camarada en la alegría.
Acuérdate: se fueron los efímeros
amores, la ilusión y la esperanza;
cantando se alejó la nave de oro
y nos dejó en la orilla oscura y sola.
¿Qué te quedó del universo, oh pobre
soñador de remotos ideales?
Arriba, mucho cielo, el impasible;
abajo, mucha tierra, la infecunda.
Y yo que era la piedad; un átomo
de vida unido a ti por misteriosos
enlaces. Y marchamos. ¿Hacia dónde?
¿al bien? ¿al mal? No importa; íbamos juntos.
Yo fui el festejador de tus sonrisas,
el cantor de tus negras soledades,
yo vigilé tus tristes pensamientos,
yo comí el pan mojado con tus lágrimas.
En el silencio del hogar sin lumbre
yo consolé tus noches de delirio,
y clavando mis ojos en los tuyos
te pregunté ¿qué tienes? ¿por qué lloras?
Ya ves, me voy, te dejo; me entristece
pensar en que ya no habrá quien te acompañe
por el camino, como yo, besando
tus huellas en el polvo del sendero.
Te quedas con los hombres, los que olvidan,
los que traicionan, los que engañan, solo,
mirando hacia los cielos impasibles,
en pie sobre la tierra despiadada.
Mi muerte no es la tuya; tú sucumbes,
y, transformado, asciendes a otros mundos;
yo fui materia que te amó, no tengo
alma con que esperarte en otra vida.
Tú eres inmortal; sueñas que, errante,
por ese mar azul y luminoso,
buscarás, de astro en astro, la imposible
quimera de tu espíritu. Yo vuelvo
a pudrirme en el fango del que salen
el monstruo y el reptil, flores y estrellas.
Mas ....cree en el amor, existe; mira,
soy una prueba de que existe: toma
aliento y fe de mi postrer mirada....»
Y un último relámpago en sus ojos
el amor encendió. –Gracias, le dije,
y me incliné a besar la moribunda
cabeza de aquel dios agonizante.
Los tardíos luceros de la noche
se desleían; un helado viento
como un soplo de muerte, recorría
la llanura en tinieblas; y en el fondo,
tras un alcor, un árbol se agitaba
como dedo que niega.
Lentamente,
sobre el negro ataúd del horizonte,
un crespón blanco apareció en la sombra
y se extendió como triunfal bandera
por el contorno azul de la montaña.
Yo, arrodillado en el jergón raído
en que mi perro agonizaba, estuve
por instantes sin fin, absorto en una
honda meditación. Un gran misterio
rodeábame.....
Y uno de mis niños
se asomó a la ventana de la alcoba
y me gritó: Papá ¡muy buenos días!
Fragmento en video del espectáculo "Muerte con 'M' de Mujer con Laura Luz; El perro cojo, poema de Manuel Benitez Carrazco.: